Lindos recuerdos que los tiñe la niebla que cubre los ojos, no deja ver la realidad que estaba ante mi, engaños, mentiras y muchas veces era solo el desprecio de una vida que estaba llena de ti. Llena de desapego y dolor, aunque estas cosas no te deben importar, no te deben doler, ya que tu armadura de acero, impecable y brillante, que refleja tu orgullo y no te deja ver la soledad que esta frente de ti, una soledad que esta reflejada en mi.
Soledad, abandono, dolor, sufrimiento, desapego, son las cosas que empañaron los lindos recuerdos que quedaban en mi corazón, y que se murieron cuando el hielo y admiracion te consumieron.
Ojala fuese posible que el calor que te entrego derritiera esa armadura de hielo que cubre a tu corazon, y no deja revivir esos momentos junto a ti. En muchos momentos fuimos solo una persona, un solo corazon, pero la destruccion de la ilusion fue la que nos separo. Deseo poder estar junto a ti, y que la distancia desaparesca, y volver a encontrarnos como el primer dia.
Recuerdas ese dia, lleno de gente, pero solo nuestras miradas se cruzaron, eramos solo dos, solo dos corazones, quien sabe que fue lo que dijieron en esa clase, yo solo podia escuchar tu respiracion, cursi, claro, pero quien dijo que el amor no lo era, recuerdos que solo la mente perversa me puede traer, ya no queda situacion para lamentos, hay que salir de la oscuridad.
La primavera comienza, y con ella el amor, nadien digo que me esperarias y nadien afirmo que yo te esperaria, lo siento pero no voy a esperar a que llegues con la armadura de hielo, congelandome con tu amor falso. Tengo vida e ilusion, y me marcho con los recuerdos rotos y el corazon en el olvido, me enseñaste a mentir, a disimular, pues ahora soy la gran maestra, no te preocupes que no hare el mismo daño que tu, aunque el amor nunca nadien mas tendra de mi.
Te agradesco por haberme quitado el corazon, y por convertir en mi a tu muerta viviente, aunque no te agradesco por la soledad y el lento agonizar.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Himno de las Estrellas
A vosotras, estrellas,
alza el vuelo mi pluma temerosa,
del piélago de luz ricas centellas;
lumbres que enciende triste y dolorosa
a las exequias del difunto día,
güérfana de su luz, la noche fría;
ejército de oro,
que por campañas de zafir marchando,
guardáis el trono del eterno coro
con diversas escuadras militando;
Argos divino de cristal y fuego,
por cuyos ojos vela el mundo ciego;
señas esclarecidas que,
con llama parlera y elocuente,
por el mudo silencio repartidas,
a la sombra servís de voz ardiente;
pompa que da la noche a sus vestidos,
letras de luz, misterios encendidos;
de la tiniebla triste preciosas joyas,
y del sueño helado galas,
que en competencia del sol viste;
espías del amante recatado,
fuentes de luz para animar el suelo,
flores lucientes del jardín del cielo,
vosotras, de la luna familia relumbrante,
ninfas claras, cuyos pasos arrastran la Fortuna,
con cuyos movimientos muda caras,
árbitros de la paz y de la guerra,
que, en ausencia del sol, regís la tierra;
vosotras, de la suerte dispensadoras,
luces tutelares que dais la vida,
que acercáis la muerte,
mudando de semblante, de lugares;
llamas, que habláis con doctos movimientos,
cuyos trémulos rayos son acentos;
vosotras, que, enojadas,
a la sed de los surcos y sembrados la bebida negáis,
o ya abrasadas dais en ceniza
el pasto a los ganados,
y si miráis benignas y clementes,
el cielo es labrador para las gentes;
vosotras, cuyas leyes guarda
observante el tiempo en toda parte,
amenazas de príncipes y reyes,
si os aborta Saturno, Jove o Marte;
ya fijas vais, o ya llevéis delante
por lúbricos caminos greña errante,
si amasteis en la vida
y ya en el firmamento estáis clavadas,
pues la pena de amor nunca se olvida,
y aun suspiráis en signos transformadas,
con Amarilis, ninfa la más bella, estrellas,
ordenad que tenga estrella.
Si entre vosotras una miró
sobre su parto y nacimiento
y della se encargó desde la cuna,
dispensando su acción, su movimiento,
pedidla, estrellas, a cualquier que sea,
que la incline siquiera a que me vea.
Yo, en tanto, desatado en humo,
rico aliento de Pancaya,
haré que, peregrino y abrasado,
en busca vuestra por los aires vaya;
recataré del sol la lira mía
y empezaré a cantar muriendo el día.
Las tenebrosas aves,
que el silencio embarazan con gemido,
volando torpes y cantando graves,
más agüeros que tonos al oído,
para adular mis ansias y mis penas,
ya mis musas serán, ya mis sirenas.

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